Historia de una fusión asombrosa

Tan sólo ha pasado un mes desde que publicamos el postmortem de Wild West Street, el juego que estaba destinado a convertirse en el buque insignia de Pancake Team. Siete meses de desarrollo no fueron suficientes para siquiera vislumbrar un atisbo de su finalización y su inevitable muerte, retrasada de forma absurda y casi cruel para el equipo, marcó el final de una etapa. 

Mientras en Pancake Team lamíamos nuestras heridas desarrollando pequeños títulos como Duel of the Necromancers (una semana de desarrollo, sin publicar), en la esquina opuesta de esta fábrica de talento, a la que ya casi podemos llamar «hogar», Epic Universe suspiraba por última vez.

Potoo Games, con sólo dos desarrolladores, se ahogaba en su asfixiante ausencia de personal. Al parecer, tal y como reflexiona Diego en su artículo, los universos épicos no sólo se alimentan de esperanzas.

Nosotros necesitábamos la visión de Potoo y ellos nuestro músculo. El siguiente paso era obvio, y la fusión se selló en una game jam que dio como resultado Love or Death, un título que presagiaba el destino de nuestra unión. Nosotros escogimos el amor.

El primer juego publicado por esta asombrosa fusión ha sido Hyper White Blood Cell Dash (dos semanas de desarrollo, ya disponible en Google Play y en Apple Store a partir del día 12 de abril). En él asumimos el control de Hyper Glóbulo Blanco, un superhéroe microscópico que debe defender el cuerpo humano de la invasión de los malvados gérmenes.

El camino de la unión no ha sido sencillo. Durante dos semanas el objetivo de Potoo Games y Pancake Team no ha sido producir juegos, sino convertirnos en socios y crear un estudio. Esto significa que hemos invertido tiempo y esfuerzo en alinear nuestra visión de empresa, elegir un nombre que nos representase a todos y crear un espíritu de convivencia. A lo largo del proceso hemos tenido que tomar una decisión muy dolorosa: un equipo no sólo debe componerse de talento, sino de personas con una visión común. Si esto no es así, la ruptura es tan necesaria para ambos como lo fue en su día archivar Wild West Street.

Por lo demás, el camino, aunque complejo, ha sido hermoso. Dedicamos un día a pasear y comer en en el campo para definir la nueva empresa que íbamos a crear, hemos comprado y jugado a juegos de mesa, compartido nuestros sueños y preocupaciones, y hemos tratado con cariño cada uno de los pasos que dábamos en nuestro compromiso, ahora representado en un Business Model Canvas impreso en DIN A3 que cuelga de una de las paredes de nuestro estudio. Hemos creado toda la infraestructura que necesitábamos (dominio, cuentas de correo, herramientas, etc.), definido el roadmap de la empresa, unificado nuestros procesos de desarrollo y diseñado un pipeline de trabajo brutal gracias a la colaboración de Antonio Caamaño, nuestra estrella fugaz.

El resultado ha sido increíble. Tenemos una visión de empresa clara, un equipo completo (6 miembros que ocupamos todos los roles de desarrollo y de negocio) y una confianza mutua digna de cualquier buen grupo de amigos. El nombre de este proyecto es Koron Studios, del esperanto koro (corazón), y tratamos los juegos como un medio de comunicación artístico que nos permite transmitir las ideas y emociones que florecen en nuestros corazones. Nuestro primer hito es posicionarnos en el género clicker (Tap Titans, Clicker Pirates o Almost a Hero) realizando juegos pequeños, alcanzables y con una estética llamativa, generando con cada proyecto tecnología que nos permita crear productos cada vez más divertidos, complejos y profundos sin dilatar los tiempos de desarrollo. A largo plazo crearemos distintos equipos de desarrollo que nos permitan trabajar en varios proyectos paralelos, prototipar ideas, diversificar riesgos, crear universos y conquistar otros géneros de gestión afines a los clicker, como el RPG y la estrategia.

En Koron Studios conservamos los valores de atracción y retención de talento que ya teníamos en Pancake Team y que compartíamos con Potoo Games: queremos ser esa empresa en la que todo el mundo quiere trabajar. Es una estrategia barata, satisfactoria y afín a los principios éticos en los que creemos.

Ahora que hemos ajustado todos los engranajes de nuestra fábrica de videojuegos, la hemos puesto en marcha y nos deleita con su ronroneo, sólo nos queda una cosa por hacer: alimentarla con nuestro esfuerzo y hacer que emita su primer alarido videojueguil.

¡Nos vemos en las stores! 🙂

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